Cómo un laberinto de Goblins, bolas de cristal y un Starman eterno nos enseñan a bailar con la vida y atravesar nuestros propios umbrales
Hay momentos que se quedan grabados en la memoria celular, como si el tiempo se detuviera para entregarnos una llave. Para mí, esa llave tenía forma de videocassette. Recuerdo perfectamente una tarde de lluvia en Rosario, a principios de los 90. El ritual era sagrado: la casa de mi amiga Mariana, el olor a pochoclos recién hechos, la chocolatada caliente humedeciendo mis manos, y ese aparato que hoy parece una reliquia, pero que entonces era un portal: la videocasetera ,“la video”, como la llamábamos.
Pusimos el cassette de Labyrinth, y en ese instante mi mente se fue al cosmos. La lluvia golpeaba los vidrios y yo sentía que el mundo había desaparecido por un rato. Salí de esa casa con los pelos revueltos, el corazón latiendo en clave de misterio, hipnotizada por una Jennifer Connelly angelical y el magnetismo oscuro de David Bowie. Sin saberlo, acababa de recibir una iniciación.
El Laberinto de la Adolescencia y la Iniciación Femenina
Treinta y tres años después, regresé al cine para verla en pantalla grande por su aniversario 40 años y el cumpleaños de David Bowie (QEPD te amamos) junto a mi hija Sarah quien ahora también ama el film y la música. Y ya que hablamos de ese punto, entre los sintetizadores de Trevor Jones y los ojos hipnóticos del búho, comprendí que Jim Henson no nos dio solo una película de fantasía: nos dejó un manual de soberanía, independencia y poder femenino.
Sarah es una adolescente en ese umbral incómodo donde un pie sigue en la habitación llena de juguetes y el otro empieza a sentir el vértigo del mundo exterior. Su drama es el de todas nosotras: la lucha por la identidad frente a un mundo que exige madurez inmediata, mientras el sistema susurra que debemos permanecer congeladas en belleza y pasividad. El laberinto es su pubertad hecha pasillos imposibles y emociones caóticas, donde cada decisión se convierte en un espejo de su alma.
El sacrificio de la niñez es el primer nivel del laberinto. Sarah debe cuidar a su hermano Toby y, para lograrlo, deja de jugar con sus vestidos de princesa. Se enfrenta a un mundo de decisiones y peligros. Muchas de nosotras fuimos “Sarahs” antes de tiempo: niñas-madres que aprendimos a navegar pasillos inciertos. El laberinto es confuso, es injusto (“¡No es justo!”, repite ella), pero es el camino hacia la madurez del alma.
Jareth: La Trampa del Rescatador y las Falsas Creencias
En medio de este viaje aparece Jareth, el Rey de los Goblins, seductor y peligroso, personificando la sombra del ego. “Témeme, ámame, haz lo que yo diga y seré tu esclavo”, dice. La trampa del amor romántico que nos vendieron por siglos: creer que necesitamos un hombre o un “maestro” que nos rescate. Jareth ofrece una jaula de oro; Sarah demuestra que la magia reside en la conexión con sus propias emociones y la valentía de atravesar sus sombras por sí misma.
El rescate es una ilusión. La verdadera libertad es la soberanía: la capacidad de decir “No tienes poder sobre mí” y sentir que realmente es así.
Estética Sagrada: Serpientes, Piedras y Animales Guía
El diseño de Brian Froud crea un mundo vivo donde nada es casual. El vestido de Sarah en el baile está lleno de arabescos dorados y serpientes, símbolos de sabiduría y regeneración, anunciando su mudanza de piel. Sus aliados son elementales: Ludo, que convoca piedras con un corazón puro; animales guía que sostienen su camino cuando el ego intenta confundirla; y los cristales de Jareth, espejos vivos que solo pierden su poder cuando Sarah recupera el centro de su alma.
Cada criatura, cada roca, cada giro de cámara es un gesto ritual. Los Goblins, los Fireys y los trucos visuales no son solo espectáculo: son metáforas del caos emocional, la fragmentación y la integración necesaria para crecer.
Dance Magic: El Poder Chamánico del Movimiento
La danza es medicina. En todas las culturas, los ritos de paso —de los quince años al Bar Mitzvah— requieren movimiento ritual. Quien domina el ritmo, domina el trance.
Jareth lidera el “Magic Dance” como hechicero del umbral. Los saltos de Sarah representan el desprenderse de la tierra para elevarse a otros niveles de conciencia. Cada giro, cada salto, cada caída es aprendizaje integrado en la célula: sudor, ritmo, trance. Es la danza que permite que el espíritu no se quede estancado en el pasado.
Fireys: Disociación y Fragmentación
El encuentro con los Fireys es puro descontrol emocional, una explosión de caos que desordena todos los sentidos. Extremidades y cabezas volando, luz negra que hace brillar la irrealidad, música irónica y pegajosa: “Chilly down!”. A primera vista, parece un momento divertido, casi cómico, pero debajo late un mensaje más profundo: estos seres son la metáfora perfecta de la disociación y la fragmentación. Nos muestran lo que ocurre cuando tratamos de encajar en un ritmo que no nos pertenece.
Ellos repiten frases como “relájate”, “calma”, “sonríe”, que a simple oído parecen consejos benignos, incluso espirituales. Pero dentro del laberinto, esas palabras se vuelven huecas y peligrosas. Representan la presión de los sistemas externos —la sociedad, la autoridad, la manipulación afectiva— para que nos desconectemos de nuestro centro y adoptemos conductas automáticas. Nos enseñan a aparentar tranquilidad mientras el fuego interno nos consume, a sonreír mientras nos sentimos fragmentadas, a aceptar la ilusión de control cuando todo a nuestro alrededor se cae a pedazos.
Sarah intenta encajar, balanceándose entre la fascinación y el miedo, y descubre que esa “magia” no es liberadora; es sedante, manipuladora, separadora. Cada Firey que arroja su brazo o pierde su cabeza es un recordatorio de cómo podemos perder partes de nosotras mismas cuando cedemos nuestro poder a la voz externa que nos dice “está todo bien, confía, sonríe”. Henson oculta a los titiriteros para que la ilusión sea perfecta: vemos movimiento, música y energía, pero no entendemos de inmediato la trampa. La maestría del engaño está en lo atractivo que parece, en cómo seduce la mente a obedecer y olvidar. Es un espejo de la vida real: prácticas espirituales superficiales, consejos repetidos, mantra de Instagram, todo lo que promete calma y unidad mientras nos desconecta de nuestro corazón y nos deja fragmentadas.
El Clímax: “NO TIENES PODER SOBRE MI”
La burbuja del baile de máscaras es un tiempo circular, un hechizo donde todo puede quedarse igual para siempre. “It’s only forever, not long at all”, canta la canción. Pero Sarah rompe la ilusión. Prefiere la realidad, su voluntad, su corona. No vence con espadas; vence con conciencia y soberanía. Cada cristal que Jareth usó para manipular se quiebra, revelando nuestras creencias limitantes. Cuando dejamos de darles poder, se convierten en espejismos.
El salto al vacío sobre las escaleras Escher es simbólico: dejar la mente atrás, confiar en el corazón y atravesar el laberinto de la vida.
El Arte Artesanal de Henson: Magia Hecha Mano
Para los amantes de lo tangible, Labyrinth es un santuario. Michael Moschen oculto detrás de Bowie moviendo esferas, “Helping Hands” con 100 personas reales, escenografías físicas inspiradas en Escher. Cada truco, cada muñeco, cada efecto es un acto de amor que transmite textura, profundidad y magia real.
El búho que abre los créditos es un hito: primera vez que se intentó un CGI realista de un animal, pero Henson eligió mantener lo artesanal en todo lo demás, dándole alma y profundidad que el cine digital raramente logra.
Cerrando el Círculo: De Rosario al Presente
Fui al cine para cerrar un círculo que empezó en Rosario. Ya no soy la niña que espera ser rescatada; soy la mujer que aprende a llamar a las piedras, a bailar sus propios ritmos y a romper burbujas. Afuera, el mundo puede ser un laberinto oscuro, pero como Sarah, tenemos el mapa: la magia habita en mirar la sombra a los ojos y recuperar la corona.
Guía Oracular: “El Palacio de las 13 Llaves”
Como Sarah, necesitamos herramientas para atravesar nuestros laberintos internos:
- Galerías de los Elementos: Rituales suaves para volver a tu centro cuando te sientes fragmentada.
- Llave de la Soberanía: Transformar “No tienes poder sobre mí” en un escudo cotidiano.
- Acompañamiento de Sir Giz: Guardián que susurra que el tiempo y el mapa están de tu lado.
Sesiones de Claridad y Soberanía: Juntas vamos a identificar a esos “Goblins” que consumen tu energía y usaremos las llaves para abrir lo que hoy está trabado. Agendar sesión conmigo
Podés descargar la guía por una donación consciente en Ko-fi y usarla como oráculo para abrir puertas internas, o agendar sesiones para cruzar juntas los pasillos más oscuros. Descarga la guía aquí.







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